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miércoles, 23 de diciembre de 2009

FELIZ...

No sé bien que pienso y me gusta saber exactamente como me siento todos los dias. Prefiero poder definirme eufórica o deprimida, a lo mejor es lo que conozco, pero me sienta mejor, estoy más tranquila. Los dias normales que no podría adjetivar no me gustan, los considero poco constructivos, son como un grifo abierto, es inútil.

Pero este tiempo es diferente, ya no se espera a nadie que venga con la maleta a pasar estos dias a casa, ni siquiera comerás algo diferente al resto del año, por lo menos no inaccesible; todo está empaquetado, pensado, previsto...

Son dias de función.

domingo, 28 de diciembre de 2008

EL DÍA DE LOS INOCENTES



Hace unos cuantos años, cuando el uso del teléfono era para casos especiales, un día como hoy se podía utilizar para gastar bromar a los vecinos. Lo que hoy sería una perfecta paletada en los años setenta y ochenta llamar a un tendero con un pañuelo en la nariz para hacerle un falso encargo para un vecino era una verdadera y tierna gamberrada. Las llamadas a los timbres ,taparle la entrada de la casa con una montonera de nieve , dejar en la puerta de un conocido una caja de polvorones hechos con bolas de harina y agua y envueltos en papel de seda o que saliese en la portada del principal periódico provincial una "inocentada" era casi obligatorio.

Esta costumbre que llevaba unos cuantos dias previos de ilusión, unida a las tareas anteriores de recoger el musgo para el nacimiento, ir a la sierra a por una bolsa de serrín y dedicarle una tarde a buscar piedras o escorias hacía que a estas alturas de la Navidad todos estuvieramos bien entretenidos sin necesidad de la Wii, ni de la Play ni de ningún Mpnada, pero aún nos quedaba muchísimo más. Todavía habia que pensar quién nos podía subir de la tienda "El maragato" de León las bromas tipo azucarillo de araña ,chicle de cucaracha o petardos para el tabaco de los mayores para la cena de Nochevieja. Aún había que pensar en las campanadas y que canción cantaría Miguel Bosé ese año. Con todo ello faltaban muchos dias hasta Reyes para vivir el fin de la Navidad.

Los niños tienen que estar desconcertados ante tanto Papá Noel colgando de las fachadas, en algunas adelantados de cerca por una ristra de Reyes Magos que llegan ya al ático. Hay que hacer cola para la foto con el paje de los Reyes , con un Papá Noel verde, otro rojo... Ahora, un día como hoy, las luces y los ornamentos navideños ya llevan con nosotros un mes y están ya aburriendo porque hemos comido polvorones desde octubre, recibido los regalos en Nochebuena y parece que todo está hecho, hasta la nieve se ha ido ya.

Me gustaba más la Navidad de mi infancia.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

FELIZ NOCHEBUENA

Cuando mi abuelo cogía el plato y el cuchillo y bajaba al sótano a "cortar el jamón": no había duda , ya estaba todo listo y la gente a punto de sentarse a la mesa. El jamón en casa de mis abuelos era omnipresente, no había celebración, ni domingo , ni visita que se saltase el ritual de "Leoncio: baja a cortar un poco de jamón".
En Nochebuena también aunque fuera para abrir la mesa. Pero tampoco había Nochebuena sin almejas a la marinera, mejillones en salsa, besugo al horno , lombarda y sopa de pescado. Luego ya podría rematarse con otras cosas, pero estas eran fijas. Ah! y la piña natural, la piña que solamente tomábamos en esos días: que alegría ya solamente verla en el comedor los dias previos asomando de la misma bolsa que las uvas y los orejones. Nadie tocaba nada de allí, por muy atractivo que fuera el contenido.
Cada uno de nosotros tenemos bien impreso, a veces sin saberlo, algo de los nuestros. A mi me gustaria que la no decadencia de la ilusión por estar, compartir y agradar a la familia fuera como la de Tina. Mi abuela también era una mujer trabajadora, y muchísimo. Creo que nunca la ví en la cama hasta el día que enfermó. A la que se levantaba ya estaba en plena actividad productiva. Por la noche planchaba esas pilas interminables de sábanas blancas impolutas con golpe fuerte y bien extendidas en la mesa. Cuando amanecía para el resto de la familia, mi abuela ya tenía atendido todo y había subido de la huerta con todo lo necesario para poner la comida.
La Nochebuena de mi infancia fué muy buena. Esperábamos con alegría a mis tios y cada una de nosotras tenía asignada una tarea. Yo no pude ser más que la encargada de partir el turrón y repartirlo con el resto de dulces en aquella bandeja color lila que teníamos para la ocasión, mis tias y mi madre hacían el resto. Cuando eres un niño no percibes muchas cosas, por eso la Navidad solo es auténtica en la infancia. Aunque los ánimos no estén firmes, todos debemos disfrazarlos porque así lo recordarán nuestros niños.
Felices fiestas!