No sé si seré capaz de caminar mucho más allá. Es difícil para una persona que siempre está midiendo el pasado con el presente y que además se inventa un futuro demasiado sencillo para como se están poniendo las cosas de complicadas.
Cada cosa que veo, cada sensación que tengo, cada momento que vivo, todo lo guardo, lo recuerdo y lo revivo con tal intensidad que llega a pesar hasta hacerme tropezar cada vez con más frecuencia. Es mucha mochila.
Creí haber sido fenicia, también haber vivido en la costa francesa en los años 60, buscaba una explicación a la eterna y obsesiva atracción por el mar, la temperatura agradable y la vida sencilla.
Ya no pienso porqué será.
Ni siquiera tengo ganas de encontrarle justificación.
En realidad tampoco tengo ganas ya de pensar en si es posible que un día, el mar y yo estemos juntos mucho tiempo sin despedidas dolorosas y sin otro ruido que el nuestro.
Lo que cuento no tiene ninguna pretensión de exclusividad, porque a fin de cuentas hay pocos tipos de personas con muchas subclases, eso si. Pero si pertenezco a la subclase de tipo que tiene la necesidad de contar más bien sus miserias. Y aquí estoy vuelta a la vuelta a casa, sintiendo que no me he ausentado apenas.
Hoy está lloviendo, un buen recibimiento para mí... No hay nada que me pueda exasperar más.
A este sentimiento hay entendidos que le han puesto ya un nombre: depresión postvacacional. No es mi caso. No me deprimo cuando vuelvo depende de qué lugares o desde que actividades, pero siempre desde que estoy tiempo en la playa y llego a casa y no veo el sol y , como anoche, ruge el viento!
¿Se puede sentir que no eres de un sitio? Mejor dicho, ¿Puedes intuir que perteneces a otro?. A mi la cara húmeda, el sol brillando con fuerza, el sonido contínuo del mar, la vida sencilla del vuelta y vuelta a la toalla, el paseo hasta donde no te llega la vista con los pies descalzos, las terrazas sin cerramientos, y los brazos desnudos todo el día son cosas que más que gustarme, necesito.
Desde hace años tengo una imagen inventada, o no sé si adivinada de una casa cerca del mar. He mirado y rebuscado siempre que he visitado una nueva zona pero lo tenía casi olvidado, como un sueño. Nadie busca a la persona que se le aparece en un sueño, a menos que sea conocida.
He visto la casa en un sitio ideal, lejos de la civilización, del consumismo, de la lluvia y del frío. Pero no es el momento ni personal, ni emocional. No soy lo suficientemente "hippy" para un proyecto tan idílico, aunque crea que estoy cerca, en el fondo como casi todos la comodidad burguesa me tiene todavía secuestrada en gran parte. Soltar algún lastre con el tiempo no me parece tan difícil y más según como progresa esta sociedad en intereses e idiotez.
"HAY QUE TENER ASPIRACIONES ELEVADAS, EXPECTATIVAS MODERADAS Y NECESIDADES PEQUEÑAS" (H.Stein)
Ni colágeno para las arrugas, ni antinflamatorios, ni valerianas, ni ná. La playa a todas las horas. Por la mañana vuelta y vuelta a la vez que me instruyo con las conversaciones que hay en las sombrillas de alrededor. Mientras más mayores son sus habitantes más interesantes sus postulados. Cada día: corazón, noticias, cotilleo de la urbanización donde se ubican y un poco también de su lugar de procedencia, dónde venden el mejor pescado, veinte céntimos menos el café con tostada en qué terraza, la oferta de los chopitos con dos cañas, en qué zona picó una medusa a un señor, cuántos carteristas pillaron este miércoles, dónde es el próximo rastrillo... Por la tarde menos sol, más lectura, más contemplación, ver y participar en las construcciones de César, apreciar las capturas acuáticas de Marina y al fin, a eso de las ocho de la tarde: el espectáculo de ver la playa en su inmensidad hasta que se queda desértica y termina de ponerse el sol. Es el mejor momento del día. La cantidad de sensaciones que puedo percibir en una hora. Solo mirar los colores. Solo escuchar el sonido del mar.
Si no estuviera casi convencida de que fuí fenicia, podría pensar que viví mis mejores años en un lugar de la costa francesa con una pañoleta en la cabeza para no despeinarme en los viajes en Vespa, sentada de medio lado, yendo de un sitio a otro en busca de música. Escuchando a Françoise Hardy y Silvie Vartan pasaría el tiempo sin dejar de soñar con ver a los Beatles.
En otra vida debí ser un artesano , creo que viví en el Mediterráneo en la época de los fenicios y me dedicaba a teñir tejidos para los ricos con el murex que extraía yo misma del mar. Me gustaba lo que hacía, veía mis creaciones en forma de vestimentas para gente pudiente que se peinaba con difíciles rizos y se pintaba con extrañas mezclas que yo sería incapaz de ponerme. Era feliz al sol y con el sonido del mar siempre de fondo. A mí no me tocó de cerca ningún ambiente hostíl y cómo mis ambiciones tampoco iban más allá de crear y comerciar no tenía mayores problemas. El clima tampoco lo era. Lo que me desconcierta es la pasión por la música, los fenicios no tenían música -al menos que se conozca-; también pudiera ser que hubiese vivido en tiempos de Elisa y fuera una especie de niña prodigio y debido a los cercanos conflictos con los aborígenes africanos, estuviera en contacto con alguno de ellos y ya conociera alguna forma de danza...
Lo que ya no sé es cómo mi familia decidió cruzar La Mancha y llegar aquí.Puede haber cien mil hipótesis, pero para mí son incomprensibles. Cómo alguien que vive orilla mar puede venir a parar a este lugar. Debió de tratarse de otra crisis, la crisis de las estatuillas de marfíl, la crisis de los jueces que dejaron de comprarse togas púrpura.
Ahora que lo pienso , si fuí eso en otra vida nadie tuvo porqué marcharse de allí, permanecerán en algún sitio de Cádiz, Almería o Murcia y formarán parte de esa población que tiene raices fenicias, dicen los americanos (qué tienen estudios para todo) que una persona de cada diecisiete que habitan por allí tienen esa raíz: y yo?
No sé al final si sería en otra vida cuando fuí vecina del Mediterráneo o en esta, pueda ser que me atraigan ahora mis antepasados sureños que escaparon al Norte debido al crack del comercio , porque lo cierto es que tengo auténticos pies fenicios.