martes, 20 de enero de 2009

CÉSAR

Esta tarde en la biblioteca no nos han prestado libros porque estaban en pleno proceso de digitalización de carnets , pero la excursión ha sido divertida. Cuando César llegó del colegio le dije "merienda rápido que vamos a la biblio en bus", me contestó "no puedo comer deprisa porque me agarganto y no tengo fuerzas"... Me lo tomé con paciencia y pensé que esperariamos al próximo bus , que se tomase su tiempo (mientras pude abrir el portátil y ver como había tres personas viendo este blog y cuatro en el de Boñar, esto siempre anima!). De camino a la parada me fué contando sus planes, después de la biblio iríamos al Boñar y luego al tren de la Mata (Torrevieja)...Cuando , después de pasar unos cuantos transportes llegó el nuestro no quería subirse porque , después de saber que es el número 6 el que nos lleva al Jardín de San Francisco, se le ocurrió mirar al frente del bus y decir que aquello no era un 6 , sino un 9 y no se montaba... Entre un empujoncín y otro poco más de paciencia conseguí que subiéramos y una vez sentados empezó una disertación sobre la forma de conducir del señor (que encima no era Roberto y le pareció también mal).Empezó a relatar a voz en grito que un autobús no podía ir en adaggio mucho tiempo porque nos atascábamos, tenía que ir allegro,allegro; así cada vez que había parada o semáforo César decía : "vamos, vamos allegro". Ya teníamos a medio autobús pendiente del niño cuando llegamos a destino y al abrirse las puertas se dió media vuelta y dijo: "No me lo puedo creer, amos llegado a la videoteca en adaggio" y ya tuvimos gente comentado alrededor hasta el semáforo de Soto.
Nos tuvimos que detener en la farmacia de Santa Nonia porque algo vió que le llamó la atención y que todavía no sé bien que era entre tanto bote. Me dijo " mira ese licamento es para las listrusiones de garganta, pero solo el azul. Lo bebes y luego baja un señor con un paraguas".
La sorpresa del cartelito "Hoy no se presta" a la entrada de la Biblioteca hizo que me ínvadiese un frio terrible. Me quedé sin saber que decirle, así que entramos a pasar el rato como de costumbre y ya pensaría que contarle a la hora de marchar cuando se dispusiera a escoger algo para llevar a casa...El camino hacía allí había sido lo mejor.

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